martes, 15 de octubre de 2013



“Golpeé a un ciclista mientras conducía. Tengo derecho de paso; él ni siquiera paga impuestos”. De manera desafortunada, vía Twitter, la británica Emma Way comentaba a sus seguidores el accidente que había tenido ese día. Una extraña conexión neuronal debió incitar a la joven a hacer públicos sus pensamientos en una red social abierta. Tras varios retuits, el mensaje llegó a la policía de Norwich, que se puso en contacto con Way y la invitó a presentarse “ASAP”, acrónimo de as soon as possible (tan pronto como pueda) en la comisaría.

Ante la falta de consideración de Emma Way, las redes sociales se convirtieron en un hervidero. La policía la identificó gracias a su Facebook mientras que centenares de tuiteros, bicicleteros y no tanto, de todo el mundo comenzaron a mencionarla y a profundizar en sus mensajes. A Way le gusta conducir. Usa el coche de manera rutinaria. También le gusta decir que conduce. Así, sentada al volante, hace fotos de otros coches o de su velocímetro mostrando cómo sobrepasa límites.


“El tweet del ciclista fue estúpido”, se justificaba Way en una entrevista a la BBC, tras cerrar su cuenta en Twitter ante la presión social. Su comentario va más allá de la estupidez. Por un lado muestra ignorancia, los impuestos para el mantenimiento de las carreteras, en Inglaterra y en España, no tienen nada que ver con el impuesto de circulación; por otro, una actitud prepotente que se puede extender a ciertos conductores. “Mejor que se pongan casco, porque no pienso reducir la velocidad”, escribía hace unos días un comentario en este blog Enamoradiza. “Arróllalos a todos”, espetó el periodista mexicano Ángel Verdugo refiriéndose a los ciclistas durante una entrevista. Pensamientos que algún columnista español, casposo y vinculado a la caverna mediática, comparte. Esa ira hacia los pedaleantes es contraproducente ya que las palabras se pueden traducir en gestos como el de Way, que golpea a un ciclista, no le ofrece socorro y luego se mofa al respecto.



Debido a la relevancia virtual que obtuvo el accidente, gracias en parte a la movilización de los pedaleantes, la noticia llegó a Toby Hockley, que ese día pedaleaba por la misma carretera que Way. “Un coche, que circulaba por el otro carril, no se percató de la presencia de un ciclista. Al intentar evitarlo, se vino hacia mí y salí volando de la bicicleta. Me golpeó fuerte, bastante fuerte. Tengo suerte de estar vivo”, relataba al periódico The Telegraph. La reacción de la conductora evidencia un problema de educación vial. Los usuarios de coches consideran el asfalto su espacio natural y no contemplan la posibilidad de compartirlo. Pelean por mantener su status quo frente a un nuevo vehículo que tiene derecho a reclamar su parte. Y en esa lucha, algunos parecen dispuestos a usar toda su artillería cargados de argumentos que se retroalimentan con etiquetas como #bloodycyclist (malditos ciclistas).

La historia aún no ha concluido. Aunque Emma Way ya no posee perfil en Twitter, las menciones continuan. “Me avergüenza que la chica hit and run and tweet (accidente, huida y tuit) pida disculpas por publicar en la red y no se excuse ante el ciclista”, se quejaba un usuario de la red social. “Fui a una tienda Apple y robé un iPhone y 3 iPads porque no pagan impuestos”, se mofaba otro. Más allá de las bromas tuiteras, parecen necesarias campañas que defiendan que las carreteras no son solo para los automóviles.


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