domingo, 20 de abril de 2014

El ciclista profesional Floyd Landis, que ni lleva bigote ni usa 'fixie' ni tiene una cesta de mimbre,
probablemente estaría de acuerdo con este artículo. / CORDON PRESS

La 'bici' era algo sencillo, cómplice con la clase trabajadora. Ahora es un complemento de moda urbana. ¿Nadie va a reivindicarla?


Hoy es el Día de la Bicicleta, y para conmemorarlo, en ICON hemos preparado un debate sobre el estado de la bicicleta como los que se harán por todo el planeta: mucha gente critica a quienes usan este invento en la ciudad porque, dicen, solo están siguiendo una moda urbana. Y estos ciclistas urbanos se defienden diciendo que sus críticos son parte de la oligarquía de la lycra que se creía en control absoluto de la cultura de los pedales. Así, el invento está ahora atrapado en un limbo entre ser un medio de transporte, complemento de moda y declaración de intenciones, en la ciudad. Aquí hay otro que defiende lo contrario: a base de pasearla por ciudades, se está democratizando. El lector puede apoyar aquel con el que más coincida. Consideraremos que el texto con más Me Gusta en Facebook y tuits será el ganador. Disfruten de su poder con responsabilidad.

Qué quieren que les diga: me estimulan más los 250 kilómetros que este domingo se meterán los ciclistas en la Amstel Gold Race –clásica holandesa por excelencia consistente en dar vueltas alrededor de la única zona accidentada del llano país calvinista– que abrir el Vogue y ver a Jessica Alba posando sobre una de esas antiestéticas bicis que dispone el Ayuntamiento de París para el público. Probablemente, y a diferencia de lo que sugieren los pies de foto de la revista, ni esta actriz ni las otras 12 que aparecen son usuarias habituales del velocípedo, ni fomentan con su posado una correcta movilidad urbana. “Helena Christensen es otra de las celebrities que suele desplazarse sobre dos ruedas en Nueva York”, se puede leer. Ya.

El universo 'fashion' de la bici –el piñón fijo tan 'retro' que vale  cientos de euros, la cesta de mimbre– no puede generalizar la sana práctica del deporte en nuestras ciudades, la mayoría desprovistas de carriles diferenciados


No serán Elsa Pataky o Naomi Watts las que ayuden a regenerar el malhadado estado de nuestro ciclismo. Pretensión absurda, por ingenua: nosotros no tenemos el Vélib parisino que Vogue usa en este caso para vender. De hecho, a la Pataky, única celebridad española en biciclo incrustada en la revista, entre la cuarentona Schiffer y la británica Alice Dellal, le podría pasar lo que resto del universo postureo fashion español –la bici retro de piñón fijo de cientos de euros, la cesta de mimbre–: que decoran pero no pueden generalizar tan sana práctica en nuestras ciudades, la mayoría desprovistas de carriles diferenciados. Para ser justos, no todas, como señala la OCU: Sevilla a la cabeza en movilidad, Madrid a la cola. La capital es una urbe deleznable para pedalear, como cualquiera puede comprobar, aunque algunos no piensan como yo.

¿Que la bici está de moda? Que le pregunten a nuestro puñado escaso de ciclistas treintañeros que lo han ganado (casi) todo y ya huelen la jubilación sin atisbo de relevo. ¿Acaso alguna vez fue popular este deporte en España? Con Perico e Induráin solía serlo el Tour de Francia, pero yo tengo otra versión: las carreteras belgas de Flandes y de las Ardenas, o del Tour y del Giro, son una fiesta cuando hay competición. Los estudiantes flamencos salen a toda mecha del instituto para asistir a la E3 Harelbeke o la Flecha Brabanzona, dos portentosas clásicas del pavés. Durante la Vuelta a España, en cambio, nuestros arcenes dibujan un triste erial, con la honrosa excepción del País Vasco, donde las cunetas se atestan de aficionados. Seré yo el raro, que veo el ciclismo sin echarme la siesta y todavía distingo en este deporte un aura de working class hero, aguado, es verdad, por un historial de bolsas de sangre y drogas.

Las opciones del ciclismo patrio para la Amstel se reducen a dos corredores: el barcelonés Purito Rodríguez (plata en Florencia), 35 años y rey de la anaerobiosis, y el murciano Alejandro Valverde (bronce), a punto de hacer 34 y rápido como una flecha, aunque tácticamente un desastre. Añádase al dúo el nombre de Alberto Contador (32 años en diciembre) y habremos cerrado la lista de aspirantes nacionales para todas las demás pruebas.

¿Que la bici está de moda? Que le pregunten a nuestro puñado escaso de ciclistas treintañeros que lo han ganado (casi) todo y ya huelen la jubilación


Tres nombres. Cualquier éxito fuera de este trinomio será una grata casualidad esta temporada. La deuda de la federación de ciclismo se ha convertido en estructural para un deporte que precisa de una fuerte inversión y paciencia, y nadie confía en que ésta pueda siquiera reducirse, lamenta el presidente José Luis López Cerrón. Los equipos regionales están ahogados. La única escuadra en la máxima categoría es el Movistar, lógicamente respaldada por un potente patrocinador. Deporte base en España significa fútbol.

Además, España sigue sin luchar contra el dopaje. Y eso pesa: Alejandro Blanco, presidente del COE, cargaba recientemente contra el pasaporte biológico y se quedaba tan ancho, como si el ridículo de Madrid 2020 no sirviera para extraer lecciones. Y esto decía también hace poco el seleccionador nacional de ciclismo y paisano mío, Javier Mínguez: “hay que ser serios y saber distinguir entre el dopaje y el positivo, que puede dar cualquiera por una tontería”. ¿Por una tontería como inyectarse sangre propia, por ejemplo?

Este es el presente, aunque cuidado: no todo está perdido. Por eso de tratarse de un deporte blue collar, a uno le asaltan tendencias apátridas, por no decir antipatriotas. Hay una buena hornada de jóvenes colombianos (Quintana, Betancur, Urán) y polacos (Kwiatkowski, Maajka) abriéndose paso en el pelotón; hay mucho viejo rockero, no solo la representación española, que se resiste a morir (Gilbert, Cunego); hay muy buenos corredores, por lo general, y especialmente hay una semana apasionante que arranca mañana en Maastricht, continúa el miércoles en Huy con la Flecha-Valona y se corona el domingo que viene en Lieja con un monumento de tomo y lomo.

No sé si lo verán por Teledeporte, pero feliz día de la bici.



Vía El País

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