jueves, 6 de noviembre de 2014

Lo mejor que podría pasarle a Monterrey sería convertirse en un pueblo bicicletero. Los habitantes de esa ciudad registran, en conjunto, 8.5 millones de traslados todos los días. La mitad de estos traslados se realiza en automóvil. Hace ya varios años que el auto desplazó al transporte público como el modo de transporte más popular. En 1991, los regios dependían del auto sólo para el 31 % de sus viajes, mientras que el transporte público movilizaba al 60 %. Para 2012 este reparto modal se invirtió por completo: el auto alcanzó casi el 50 % de los viajes, y el transporte público se desplomó a 35 %. La bicicleta también perdió importancia, contrastando con la tendencia en muchas ciudades del continente. Hoy sólo el 0.5 % de los viajes en Monterrey se realizan en bici. Cada vez más regiomontanos -ricos o pobres- abandonan el transporte público, la caminata y la bicicleta en favor del automóvil particular.

Quizá esta transformación no refleja más que el éxito de la capital de Nuevo León. Monterrey es una ciudad moderna y pujante, llena de oportunidades para sus habitantes. Los niveles de ingreso de los regiomontanos crecieron en las últimas dos décadas, y muchos han tomado una decisión bastante racional: adquirir un coche. Sin embargo, esta explicación parece insuficiente para comprender el fenómeno. Las ciudades más exitosas no son aquellas donde el pobre compra un auto, sino donde el rico opta por el transporte público o la bici. Además, existen otras ciudades mexicanas, igual o más pujantes económicamente, donde el automóvil no ha crecido en importancia con la misma rapidez. El mejor ejemplo es la Ciudad de México, donde apenas el 21.5 % del total de los viajes se realizan en automóvil. ¿Cómo entender entonces la transformación de Monterrey?

Monterrey es una ciudad que creció en el siglo del automóvil. Fuera de su centro histórico, sus calles fueron diseñadas para privilegiar las altas velocidades -con carriles anchos y pocos semáforos. Los nuevos desarrollos habitacionales fueron situados en la periferia, y los centros comerciales diseñados para atraer al automovilista. La densidad de la ciudad cayó de 90 habitantes por hectárea en los setenta a cerca de 50 actualmente. Esta pérdida de densidad hace muy difícil operar un sistema eficiente de transporte público a un precio accesible, pues las unidades tienen que recorrer mayores distancias para recoger menor pasaje. El efecto ha sido tal, que los recientes esfuerzos de las autoridades locales para modernizar su transporte público -renovando la flota de autobuses, implementando una tarifa integrada (la tarjeta 'Feria'), construyendo una línea de BRT (la 'Ecovía') e inaugurando dos líneas de Metro (el 'Metrorrey')- han resultado hasta ahora insuficientes para revertir la tendencia.

Muchas de las banquetas de Monterrey son angostas o están en malas condiciones, y su infraestructura ciclista continúa siendo incipiente (12 kilómetros de ciclovías en San Pedro y 6 más en Apodaca). El efecto de estas omisiones es lamentablemente notable. Basta revisar las cifras del Consejo Estatal de Transporte y Vialidad: 2.5 de los 8.5 millones de viajes diarios en Monterrey son menores a 4 kilómetros, una distancia que podría pedalearse cómodamente. Obviamente, aspirar a que todos esos viajes dejen de hacerse en auto es una meta muy ambiciosa. Sin embargo, bastaría lograr que una pequeña proporción sustituyese su vehículo por una bicicleta para que los crecientes problemas de congestión vehicular, accidentalidad y contaminación ambiental que enfrenta esa ciudad quedaran prácticamente resueltos.

Con esta cifra como meta, Monterrey podría apostarle a convertirse en la ciudad más bicicletera de México. Lograrlo requiere una combinación de decisión política, presupuesto, buena planeación y amplia participación de la ciudadanía. Afortunadamente, las autoridades de Nuevo León parecen estar dispuestas. De hecho, ya están trabajando en un ambicioso plan de movilidad ciclista, en un proyecto de accesibilidad universal para su centro histórico y en un plan para integrar la bicicleta como sistema alimentador de sus sistemas Ecovía y Metrorrey. Sus organismos no gubernamentales también están trabajando. El colectivo ciclista "Pueblo bicicletero" es una referencia obligada para los consultores y funcionarios que trabajan en el tema, y sus constantes eventos han logrado despertar el interés de la ciudadanía. Otras ciudades, particularmente aquellas situadas en el norte del país, harían bien en seguir de cerca los esfuerzos de Monterrey. Si los regios comienzan a pedalear, todos podemos hacerlo.


Vía El Siglo de Torreón.

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