jueves, 18 de diciembre de 2014

Montar en bicicleta es uno de los ejercicios que más recomiendan los preparadores físicos o entrenadores personales debido al bajo impacto que tiene en las articulaciones, además de ser un excelente medio de transporte para recorrer largas distancias.

Su uso está aumentando constantemente en las ciudades entre la gente que utiliza la bicicleta para ir a trabajar, mientras otros dedican horas del fin de semana a recorrer kilómetros a través de carreteras o senderos de montaña.

Los límites están más en la mente que en el cuerpo.

Pero sea cual sea su función, es muy frecuente que las personas puedan sentir algunas molestias a la hora de pedalear o se encuentren con subidas que en un principio parecen imposibles de conquistar.

Son esos momentos los que ponen a prueba a las personas, que en muchas ocasiones optan por bajarse del sillín y justifican su decisión arguyendo limitaciones físicas.

Es cuando se viene a la mente la pregunta, ¿cómo pueden los ciclistas profesionales subir montañas y pasar más de seis horas sobre una bicicleta?

Creer en lo que se hace

No cabe duda que un gran porcentaje es el entrenamiento físico, pero la respuesta está en la mente como se lo comentó a la BBC Bradley Wiggins, ganador del Tour de Francia en 2012.

Wiggins compartió sus experiencias de cómo fue su camino hasta llegar a la cima del ciclismo. Son las vivencias que a una escala menor suelen experimentar las personas cuando están sobre su bicicleta y cada kilómetro representa un reto.

El también siete veces medallista olímpico explicó durante el programa "En la mente de un ciclista" la influencia que tiene el cerebro para ir alcanzado los objetivos.

Wiggins comentó que desde tenía unos 12 años cuando supo que quería ser ciclista profesional, portar el maillot amarillo del Tour y ganar una medalla olímpica.

"En ese momento no sabía qué tan realistas eran esos objetivos, no estoy seguro si en verdad creí en ellos, pero fue mi excusa para dejar de hacer todas las demás obligaciones que tenía".

Cruzar Francia en tres semanas no está al alcance de la mayoría de las personas, pero rodar a diario al trabajo y acumular kilómetros puede llegar a ser un reto similar para los ciclistas aficionados.

"Me encanta la parte de la rutina. Me gusta la sensación de estar levemente por delante de lo que va a venir. Esa es parte de mi motivación", explicó Wiggins sobre la importancia de visualizar el ejercicio que está por hacer.

Buscar una distracción

Una vez encima de la bicicleta nadie está exento de caer en la monotonía que puede llegar a ser pedalear.

"Me engaño a mí mismo para lidiar con lo repetitivo que pueden ser los entrenamientos o la carreras. Siempre pienso en mis niños. Tengo sus iniciales tatuadas en mi mano y cuando veo mis manos en el manubrio lo que veo es Ben y Bella. Es como una distracción".

El dolor es el otro aspecto que suele condicionar la regularidad de los ciclistas, sea por tratarse de un problema de mala postura sobre la bicicleta o como consecuencia del esfuerzo físico.

En el primer caso siempre es recomendable consultar con un especialista para determinar cuál es la mejor posición sobre el sillín, en el segundo es cuando entra en juego la mente.

"Hay que pensar de manera racional cuando sientes dolor. Me pasa cuando alguien ataca o cuando se trata de una subida de una hora. Te duele, pero piensas que si te duele a ti también le está doliendo a quienes están a tu alrededor".

Para Wiggins la parte mental es la que termina de definir a un corredor de grandes vueltas.

Algo que también diferencia a quienes cada mañana o tarde optan por rodar encima de una bicicleta sin tomar en cuenta el clima o el esfuerzo que ello significa.

Ser racional

Una de las claves para superar los momentos de debilidad es ir paso a paso, plantearse objetivos inmediatos, a corto plazo, sin pensar en el final de la subida sino en la siguiente curva.

Wiggins reconoció que también es necesario conocer las limitaciones de uno mismo para no tomar riesgos innecesarios sobre la bicicleta.

"La gente dice que no tengo gallardía, pero soy una persona muy calculadora en lo que hago".

"Cuando vienen los descensos en las montañas siempre me pregunto si vale asumir los riesgos. Tengo dos facetas: la emocional, que ama el deporte, y la otra, la que está calculando. La gallardía es genial, pero al final del día no hubiera llegado hasta donde he llegado si no hubiera sido así", dijo el corredor británico.

Vía BBC Mundo

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