martes, 16 de diciembre de 2014

"¡Qué chévere! es como sacar la máquina del gimnasio para rodar al aire libre", exclamó una mujer que me vio pedalear sobre la bicicleta elíptica con la que recorro parques y paseos siempre que puedo desde hace poco más de dos años.

Y sí, me pareció la descripción perfecta.

Trasladarme a Miami me cambió la vida. Obvio, toda mudanza, y más si es de continente como fue mi caso, lo pone todo al revés. Pero en este caso me refiero en concreto a mi vida ociosa y deportiva.

Reconozcámoslo. El clima de esta ciudad fomenta el deseo de pasar más tiempo al aire libre, ya sea para disfrutar de actividades acuáticas, dar paseos, montar bicicleta o correr.

¿Y qué tal si se combinan estos dos últimos deportes gracias a una máquina que funciona con un mecanismo similar al de la elíptica del gimnasio, pero con ruedas?

Lea también: ¿Cómo escoger la bicicleta ideal para ti?

"Esto es lo que te espera"

Hace dos años, estaba de vacaciones en Madrid cuando Michelle Salem, una amiga nacida y criada en Miami Beach, me mandó una fotografía de un extraño aparato: una suerte de bicicleta alargada, con pedales a modo de plataformas, unas ruedas relativamente pequeñas, un tubo y un manubrio –o manillar- con frenos semejante al de cualquier bicicleta.

El mensaje de Michelle era un desafío: "Esto es lo que te espera cuando regreses a Miami".

Con la bicicleta elíptica se pueden recorrer largas distancias sin apenas sentir el cansancio.

No me considero una persona con buen equilibrio. Mejor dicho, ¡creo que lo tengo muy malo! Para qué negarlo. Mirando la fotografía, no sabía cómo iba a lograr poner esa máquina en marcha.

Pero el entusiasmo de Michelle -que descubrió las bicicletas cuando vio a una mujer sobre una de ellas y la persiguió hasta que le dijo de dónde la había sacado- me convenció.

A mi regreso visitamos la tienda de Miami Beach donde las alquilaban y nos apuntamos a la aventura.

Equilibrios sobre ruedas

Lo más complicado fue subirme y aprender a rodar con ella.

Hay que colocar un pie en una de las plataformas, tomar impulso con el otro pie, tomar carrerilla, subirse y comenzar a rodar.

El manubrio ayuda a mantener el equilibrio, aunque de lo fuerte que me sujeté a él la primera vez, terminé con más dolor muscular en hombros y brazos que donde debía ser: las piernas.

Después del susto de los primeros minutos –o siendo sincera, de las primeras horas- todo se desarrolló como una historia de amor a primera vista.

Rodar con la elíptica me genera mucha alegría. No se alcanza la misma velocidad que con una bicicleta de carreras pero sí la suficiente para sentir el viento en la cara y el corazón bombeando con fuerza.

Además, me ahorro el dolor o incomodidades del sillín de una bicicleta convencional y esto hace que me canse menos.

Aun así, el esfuerzo cardiovascular es comparable a correr, e incluso algunos expertos dicen que se quema un 33% más de calorías que con una bicicleta normal.

El ejercicio se siente en las piernas y en el torso, y en menor medida en los brazos.

Pensada para corredores

Los fundadores de EliiptiGO, la empresa de California que produce estas bicicletas, tuvieron la idea de crear este dispositivo cuando, en 2005, uno de ellos, Bryan Pate, tuvo que abandonar el atletismo por problemas de cadera y rodilla.


El ejercicio con este tipo de bicicleta permite desarrollar la pasión por correr sin el impacto sobre las articulaciones.

Así, el diseño de las bicicletas elípticas está inspirado en corredores que, por razones de impacto en las articulaciones, no pueden practicar dicho deporte con la misma intensidad.

No saben cuánto agradezco a Bryan Pate y su socio que tuvieran esta visión.

La descarga de endorfinas y el estímulo de rodar en plena naturaleza son incomparables, sin olvidar la atención que se desata alrededor.

La gente exclama, algunos preguntan al vuelo y los más entusiastas nos detienen para conocer los detalles. En alguna ocasión incluso alguien salió a las carreras de un establecimiento, curioso por saber qué era eso que había visto pasar por delante de la tienda.

Lo admito, me he convertido en una incondicional de este artefacto. Y puedo decir que a Michelle le ocurrió lo mismo. Tanto es así que, después del cierre del local donde las alquilábamos, no descansamos hasta que conseguimos comprarnos nuestras propias bicicletas elípticas.

Ahora viajamos con ellas por toda Florida e incluso más allá.

Y nos hemos dado cuenta de los beneficios de hacer deporte de pie. Porque después del descubrimiento de las bicis, decidimos cambiar el kayak por el paddle board (tabla de remo de pie)... pero esa es otra historia.

Vía Terra

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